Hablemos de pseudociencia

Una cosa si está clara, que tanto la ideología como los intereses de quienes se empeñan en desprestigiar y destruir lo positivo de la medicina natural, parecen ignorar o desconocer la larga lista de buenos profesionales que existen y han existido en naturopatía, homeopatía, fitoterapia, osteopatía, etc., en la historia reciente de los pueblos de Europa.

Realmente, nos gustaría conocer la opinión de los antropólogos sobre una realidad, tan presente en nuestra sociedad, como las terapias naturales. Me refiero tanto a la conceptuación, el origen, el uso cotidiano de la medicina natural entre la población de nuestro país, como en la campaña de desprestigio que desde hace unos años sufren las terapias naturales en Europa.

También les preguntaría a quienes se atrincheran en esta posición de francotirador, desde donde arremeten contra los que hablan, aplican y siguen a lo que ellos llaman pseudociencias, si conocen el larguísimo número de trabajos de expertos en la materia publicados a nivel mundial. Por ejemplo, la labor del Dr. Andreas Michalsen, de Alemania, que recientemente publicó uno de sus libros al castellano, Ed. Planeta. O bien, si conocen al Dr. David Rakel, director de University of Wisconsin Integrative Medicine, autor de un considerable volumen sobre medicina integrativa; donde se mencionan constantemente las terapias naturales más adecuadas para las enfermedades que normalmente se atienden en nuestros hospitales.

Estos detractores de lo natural pretenden cambiar la historia y transmitir a la sociedad el mensaje de que solo lo bueno y válido se halla en algunos segmentos de la ciencia actual.

Según esos ideólogos “postcrisis” el axioma a imponer es: la medicina natural es pseudociencia, luego pseudociencia es igual a fraude, la medicina natural es fraude…

Para difamar y calumniar, por lo menos deberían conocer a fondo el hecho sobre el que pretenden ejercer el desprestigio y la crítica, porque sino las criticas sin fundamento solo lastiman y generan injusticia.

Por ejemplo, para refutar por el método científico las terapias naturales, se requieren estudios comparativos de población entre, por ejemplo, los usuarios que habitualmente emplean terapias naturales y los que no, o entre personas que utilizan hábitos saludables extraídos de dichas terapias naturales, y los que no las consideran. Estos estudios arrojarían luz sobre el tema y aclararían a los demás por qué estos estudios son tan escasos en la ciencia.

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